La ruta del pandebono en Cali

La ruta del pandebono en Cali

Ni el pandebono se escapó de ser la inspiración de los compositores de la zona y fue así como el maestro Jairo Varela, oriundo de la capital salsera del país y fundador del grupo Niche, le regaló unos versos de su canción Calí Ají, donde reza: “Esto es cuestión de pandebono”. Y es que, si

Ni el pandebono se escapó de ser la inspiración de los compositores de la zona y fue así como el maestro Jairo Varela, oriundo de la capital salsera del país y fundador del grupo Niche, le regaló unos versos de su canción Calí Ají, donde reza: “Esto es cuestión de pandebono”.

Y es que, si por la quinta se va pasando, no solo se atraviesa una Cali bella de palmeras que se mueven alegres por las tardes, sino que en cada esquina los visitantes se topan con una panadería que expide el aroma del pandebono. El famoso panecillo viene de un origen incierto y lo que se conoce viene del acervo oral.

Las teorías son variadas, pero la que más adeptos recibe es la que cuenta que a mediados del siglo XIX en Papagayeros, ahora municipio de Dagua y en una hacienda de nombre Bono, los visitantes llegaban atraídos por el exquisito olor del horno de leña de doña Genoveva, quien preparaba panecillos de maíz que rápidamente se hicieron famosos convirtiendo al lugar en la parada obligatoria de arrieros que viajaban desde Cali hacia Buenaventura a trabajar. Esta versión aparece en “América Equinoccial” de Edouard André, naturista y explorador francés, en el libro América Pintoresca (Barcelona: Montaner y Simon,1884, tomo 3).

El nombre se le atañe también a un panadero italiano que vivía en Cali y que gritaba por las calles “pan de bono” (pan del bueno) que, por su pronunciación en italiano, influyó en que la gente redujera el vocablo al del pandebono.

Manjares del Valle del Cauca.

También están los que dicen que dicho nombre se asocia a la costumbre de los ingenios de caña de azúcar, donde los trabajadores recibían a la entrada un ‘bono´ que valía por un pan con agua para el almuerzo: el ‘pan del bono’.
Antaño, el pequeño manjar era preparado con base de maíz curado, es decir, remojado por tres días, con queso preparado en las haciendas ganaderas y que primero se molía en piedra, luego en molino y después se llevaba al horno de leña.

La tradición se mantiene en algunos de los pueblitos aledaños donde la velocidad de la industria aún no los atropella y, mientras tanto, en la ciudad, la preparación va con harina industrial de maíz, queso costeño, almidón de yuca, mantequilla y leche.
La fórmula es la misma en todas partes, pero la clave radica en la calidad de los ingredientes, en la medida de las porciones y en el horneado. El secreto máximo está en el tipo de queso, entre el costeño e industrial (mitad y mitad), cuajadas y otros ingredientes producto de la experimentación.

admin
ADMINISTRATOR
PROFILE

Posts Carousel