12 Oscuros secretos del pasado que le quitarán romanticismo a la época

12 Oscuros secretos del pasado que le quitarán romanticismo a la época

La historia tiene un sentido del humor, cuanto menos, original. Por ejemplo, al oír la palabra “pirata”, a nuestra mente llega la imagen de gran hombre corpulento, barbudo y con un sable afilado. Sin embargo, uno de los piratas más exitosos de la historia fue una mujer china proclive a la promiscuidad llamada Ching Shih, que encabezaba una tropa con más de 50 mil ladrones en alta mar. Además, en la historia, a diferencia de las obras

La historia tiene un sentido del humor, cuanto menos, original. Por ejemplo, al oír la palabra “pirata”, a nuestra mente llega la imagen de gran hombre corpulento, barbudo y con un sable afilado. Sin embargo, uno de los piratas más exitosos de la historia fue una mujer china proclive a la promiscuidad llamada Ching Shih, que encabezaba una tropa con más de 50 mil ladrones en alta mar.

Además, en la historia, a diferencia de las obras de ficción, no siempre hubo sitio para lo romántico, les mostramos la vida sin adornos de siglos anteriores. Tras aprender estos 12 datos, es posible que algunos acaben viendo el mundo con otros ojos.

1. El retrete y el vestidor eran el mismo sitio

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© Los Angeles County Museum of Art / Wikimedia   © Benutzer:AxelHH / Wikimedia  

El retrete en la etapa del medievo se llamaba “vestidor” y era una parte sobresaliente del muro, desde la cual, los desechos fluían hacia un foso directamente por la pared o a través de una canaleta. Los atacantes de castillos menos sensibles podían escalar directamente por esta canaleta y penetrar en el inmueble fortificado a través del agujero. Solo les quedaba esperar a que el retrete no estuviera ocupado y después disfrutar de la gloria militar.

En este mismo vestidor, las mujeres encantadoras medievales colgaban sus lujosos vestidos. Se creía que el fuerte aroma que emanaba de estos mataba las pulgas y otros parásitos en las prendas. La tradición de “airear” sus vestidos en el vestidor se mantuvo hasta el siglo XIX. Aunque, en esa época, para las necesidades “delicadas” existía ya una habitación separada en la que había una silla o un barreño con tapa, cuyo contenido los sirvientes trasladaban a una zanja de la calle.

2. La proa del barco, donde se instalaban los mascarones, servía también como letrina

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© Game of Thrones / HBO   © Peter Isotalo / Wikimedia  

En la parte sobresaliente delantera de un barco, en la proa, donde se instalaban figuras de deidades, sirenas, cabezas de dragones y otras decoraciones, se encontraba el baño para los marineros. Los desechos de allí iban arrastrados directamente al mar abierto. No suena nada romántico el hecho de que los capitanes y armadores, a menudo, usaran a sus esposas y amantes como modelos para los mascarones de proa. Pero al menos estas figuras colgaban por la parte exterior del barco y no por dentro.

Algunos marineros, temiendo que una ola llegara a lo alto de la embarcación y los arrastrase de la letrina al mar abierto, utilizaban la cubierta del barco para hacer sus necesidades. Esto era motivo de que se les aplicasen medidas disciplinarias crueles.

Solo el capitán contaba con un retrete cerrado individual en la popa, al lado de su camarote, al que podía acudir cuando quisiera sin temor alguno por su vida.

3. Algunas mujeres no hacían nada durante la menstruación y los rastros de fugas se disimulaban con vestimentas de tono rojo

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© Louvre Museum / Wikimedia  

La menstruación en las mujeres, hasta principios del siglo XX, ocurría en raras ocasiones: la escasa alimentación, ayunos regulares y los embarazos constantes la convertían en algo casi fuera de lo común. La menopausia en las mujeres también comenzaba mucho antes: en la Edad Media, solía ocurrir al alcanzar los 40 años. Pero en esos raros casos en que el periodo llegaba, la higiene de verdad no estaba en cuestión: en el mejor de los casos, las mujeres usaban trapos que se sostenían alrededor de la cintura, o musgo del pantano, y en el peor, no utilizaban nada en absoluto.

Se supone que a esto respondía la popularidad en la Edad Media de los vestidos de color marrón-rojizo; en ellos, los rastros de fugas se notaban menos. Aunque, al mismo tiempo, eran una señal de riqueza: sólo unos pocos podían permitirse ropa teñida con tintes costosos de este color.

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© Ann Ronan Picture Library/Image State / East News  

El proceso de teñir la tela de rojo

4. Los caballeros podían pasar toda su vida sin salir ni una sola vez al campo de batalla

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© East News   © akg / North Wind Picture Archive/ East News  

Muchos guerreros medievales llevaban un estilo de vida alejado de ser digno. Incluso Eduardo de Woodstock, conocido como Príncipe Negro, considerado uno de los grandes caballeros de su tiempo, protagonizó acciones despiadadas y, en gran parte, sin sentido. Tras haber sido traicionado por uno de sus amigos cercanos, un obispo, Eduardo irrumpió en la ciudad de Limoges, donde estaba el traidor. A pesar de que se suplicó piedad, 3 000 personas, incluidos mujeres y niños, pasaron por la espada a su orden y la ciudad fue quemada. Cuando atrapó al obispo, motivo de la invasión, el príncipe inesperadamente cedió a las solicitudes de perdón y lo dejó con vida.

Si todavía observas algo de romanticismo en el brillo de las armaduras y las espadas desenvainadas, entonces tenemos que volver a decepcionarte: la realidad era todavía más aburrida. Los caballeros podían ser personas que nunca habían visto un campo de batalla: jueces menores, consejeros políticos, guardaespaldas del señor e incluso terratenientes exitosos.

5. El dosel era necesario para esconderse de las miradas indiscretas durante el desempeño del deber conyugal

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© Starus / Wikimedia  

En la misma sala, junto al señor y su esposa, estaban también sus sirvientes y guardias. Por lo tanto, el objetivo del dosel era puramente práctico: protegía de las corrientes de aire y las miradas indiscretas. Los sirvientes, durante este tiempo, podían dormir en bancos o colchones simples sobre el suelo.

6. Los vestidos lujosos nunca se lavaban y, en vez de bañarse, se cambiaban a menudo la ropa interior

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© Scottish National Gallery / Wikimedia  

Los vestidos no se lavaban incluso en la época progresiva victoriana. Las delicadas telas utilizadas para su confección simplemente no podían soportar el tratamiento brusco con lejía, con torsiones y fricciones, y los tintes podrían desvanecerse. En vez de bañarse a menudo y lavar el vestido con frecuencia, las damas llevaban abundante ropa interior.

Eso sí, los pantalones y los camisones de las féminas brillaban con blancura, aunque esto requería de un arduo trabajo: las criadas tenían que lavarlos en agua hirviendo y álcali durante horas, para luego aplicar almidón y plancharlos. Debido a este duro trabajo, sus manos ardían como el fuego, se agrietaban y la piel rápidamente perdía su sana apariencia.

7. Inicialmente, los abanicos en Europa se utilizaban para alejar a las moscas de los sacerdotes y de los alimentos en la iglesia

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© Horace Vernet / Wikimedia   © Sotheby’s / Wikimedia  

Antes de convertirse en un accesorio imprescindible para las damas, el abanico desempeñaba un papel puramente utilitario: servía para ahuyentar a las moscas y otros insectos molestos del sacerdote y del pan y vino para la comunión colocados sobre el altar. Este abanico se llamaba flabelo y fue utilizado en las mesas católicas hasta el siglo XIV. En las ortodoxas, todavía se sigue utilizando.

Los abanicos se ganaron su popularidad entre las damas seculares desde los siglos XVI hasta finales del XVIII. En aquella época, ninguna mujer que fuera a la moda renunciaría a aparecer en público sin este accesorio.

Seguramente, habrás oído sobre la existencia de un lenguaje secreto con signos de amor, que la dama mandaba a su caballero con la ayuda de su abanico:

  • Llevar el abanico con la mano derecha frente a la cara: “Sígame”.
  • Pegarlo a la mejilla: “Lo amo”.
  • Abrir y cerrar el abanico: “Es un despiadado”.

Y nosotros seremos también despiadados y te revelaremos la verdad: este lenguaje secreto es solo un truco de marketing. Después de la Revolución francesa, los abanicos, siendo un artículo de lujo y perteneciente a un odiado mundo de la nobleza dejaron de venderse bien. Entonces, en el año 1827, un comerciante parisino emprendedor publicó un folleto en el que “descifró” el lenguaje de señas oculto. Este invento devolvió el interés de las damas por este accesorio medio olvidado y el ingenioso parisino comenzó a proveer de abanicos a la corte de la reina británica Victoria.

8. La moda de las pelucas apareció gracias a la sífilis y al calvo Luis XIII

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© Marie Antoinette / Columbia Pictures  

Un brote de sífilis en Europa se produjo en el año 1495 tras la campaña del rey francés Carlos VIII a Nápoles. Entonces, esta era una enfermedad aún más terrible: el paciente sufría de dolores intensos, por toda la piel aparecían úlceras que, literalmente, podían destruir la nariz o los ojos. Al llegar al siglo XVI, las consecuencias de la sífilis se volvieron menos terribles, pero la persona recuperada perdía su cabello y el rostro se desfiguraba por la “viruela francesa”.

Los representantes de la nobleza comenzaron a llevar pelucas para ocultar las consecuencias de dicha enfermedad pecaminosa: tanto la calvicie como las cicatrices. Algunos se afeitaban deliberadamente la cabeza para deshacerse de los molestos piojos de los siglos XVI-XVII. Pero el verdadero esplendor de la popularidad de las pelucas de rizos ondulados con polvo (de nombre allonge) se produjo durante el reinado de Luis XIV y su padre Luis XIII. Quedándose calvo demasiado pronto, el rey padre se vio obligado a llevar peluca y pronto toda la corte francesa siguió su ejemplo y el de su hijo.

9. El Renacimiento no fue una época tan iluminada

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© The Messenger: The Story of Joan of Arc / Gaumont Film Company  

Muchos contrastan los tiempos “oscuros” de la Edad Media con los de la era iluminada del Renacimiento, la cual trajo al mundo a los artistas y científicos de fama mundial, así como revivió el interés por el ser humano. No en vano, en esta época, la Inquisición comenzó su actividad más efusiva (hasta el siglo XIII, los casos de persecución de brujas eran aislados, sufrían solo los herejes). Fue precisamente durante el Renacimiento cuando Juana de Arco (año 1431) fue quemada en la hoguera y se fundó la Santa Inquisición para luchar contra los protestantes.

10. La gente podía bailar debido a la pobreza y las miserias

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© Pieter Bruegel the Elder / Wikimedia  

Los bailes tampoco siempre tenían un fondo de alegría. En el año 1518, en el territorio de la Francia actual, se produjo una epidemia de “plaga de baile”. Alrededor de 400 personas bailaron sin descanso durante varios días, para después comenzar a perder el conocimiento o morir por agotamiento o un ataque al corazón. Todavía no existe una causa unánime que explique tal fenómeno: se supone que aquel estado insano fue provocado por un centeno infectado con hongos, que la gente pobre comía, o bien por una psicosis masiva debido al hambre y las miserias.

11. Quienes querían tener un acceso ilimitado a la tesorería del monarca no podían ser escrupulosos

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© Windsor Castle / Wikimedia   © Portrait of Katherine Ashley / Wikimedia  

La reina Isabel I de Inglaterra y la primera dama de su dormitorio, Kat Ashley

En la corte de los Tudor, no era necesario poseer dotes políticas especiales o una inteligencia fina para ganarse el favor del rey y convertirse en su tesorero personal. Bastaba con ayudar al monarca a facilitar sus necesidades naturales, ofreciéndole toallas y otros artículos de su tocador a tiempo. Esta posición social recibía el nombre de “mozo del taburete” y era muy honorable: al fin y al cabo, el monarca era considerada una figura casi sagrada. Bajo los dominios de Enrique VIII, estos también llamados “chambelanes de la silla” incluso recibían el título de caballero.

Cuando Isabel I ascendió al trono, se creó un puesto similar, la primera dama de la habitación de la reina. Este puesto lo ocupó Kat Ashley, quien más tarde se convirtió en amiga íntima de la monarca.

12. Nueva York fue construida sobre montañas de basura

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© Unknown / Wikimedia  

La costa de Nueva York de Manhattan se expandió a costa de los residuos de la construcción.

En la actualidad, Nueva York es una ciudad hermosa y pintoresca, pero en el siglo XIX estaba enterrada en montañas de basura. Mucha de esta se arrojaba directamente al océano, expandiendo gradualmente la costa de la ciudad. Casi el 20 % de la superficie de Nueva York, incluida una parte significante de Manhattan, se creó de manera artificial sobre los terraplenes a partir de desechos de la construcción: piedras, escombros de edificios antiguos y tierra. Y el tamaño de la isla Ellis en Nueva York, gracias al vertedero, aumentó de 133 a 1 133 acres.

Tomado de Genial.Guru

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